Eau de Parfum
Señor león de vastos bosques,
soberano de cuatro patas que deambula.
Su noble piel, enroscada en anillos,
con una cresta carmesí teñida de gloria.
Por la espesura vaga libre,
cuevas y matorrales se inclinan ante él.
Entre los valles vuela su temible rugido,
haciendo que sus enemigos rehúyan su mirada.
Guardián del bosque sin límites,
donde una vez reinó su gloria carmesí;
nadie se atreve a despertar su poder soberano,
pues toda la espesura le pertenece por derecho.
Notas de salida: lima kaffir, hierba limón, cardamomo, comino
Notas de corazón: acorde de ceniza, azafrán, plai, sándalo, cedro
Notas de fondo: ládano, ante, vetiver, vainilla, incienso
Concentración de perfume: 15%
Material del frasco: porcelana
Ingredientes naturales
Aceite esencial de cedro de Virginia, Aceite de nagarmota, Aceite de sándalo de Australia, Aceite esencial de semillas de comino, Aceite esencial de elemí, Aceite esencial de ládano, Aceite esencial de vetiver, Aceite esencial de hoja de lima Citrus hystrix, Aceite esencial de hierba limón, Aceite esencial de cardamomo, Aceite esencial de plai de Siam
KARISORN
En el Vessantara Jataka se menciona una criatura maravillosa conocida como Kraisorn Rachasri, un poderoso león cuya melena, labios, cola y garras ardían en rojo, como una tela sagrada de rattanakampol. Era un símbolo de poder y resplandor, una encarnación de la fuerza y la gloria.
En la cosmología hindú brahmánica, se decía que el Sol, o Surya, el principal de los Navagraha, fue creado a partir de esta misma criatura. La leyenda cuenta que el dios Shiva tomó seis Kraisorn Rachasri, los trituró hasta convertirlos en un fino polvo, envolvió los restos en una tela roja, los ungió con amrita y, mediante un encantamiento divino, dio origen a Surya, el sol eterno, dador de luz y vida al mundo. El sacrificio de estos leones celestiales se convirtió en la transformación de la carne en energía cósmica, y su poder renació como el sol resplandeciente.
Esta leyenda inspira Kraisorn, una fragancia creada para capturar la transmutación de una criatura sagrada en el brillo eterno de la luz solar.
La primera impresión es una oleada de vitalidad, a la vez refrescante y abrasadora, cuando la lima kaffir, la hierba limón, el cardamomo y el comino encienden el aire. Estas notas agudas, herbales y especiadas se elevan con una intensidad verde impregnada de calor, como chispas que brotan de la propia tierra. Es el estallido desgarrador del amanecer, los penetrantes rayos de sol atravesando el horizonte, llevando consigo tanto frío como fuego en un movimiento imparable.
A medida que el resplandor se estabiliza, el corazón se despliega con una profunda calidez. La ceniza, el azafrán, el plai, el sándalo y el cedro se entrelazan como un fuego ritual que se consume lentamente hasta convertirse en brasas incandescentes. El azafrán proyecta hilos dorados de un resplandor agridulce, mientras el plai y las hierbas tailandesas exhalan un calor tierno, reparador y duradero. El sándalo y el cedro se alzan como pilares de madera fragante, dando forma y fundamento al fuego. Aquí, la llama ya no es destructiva, sino transformadora, convirtiendo el dolor en fuerza, la disolución en renacimiento, como si todas las cosas maduraran dentro del horno del cosmos.
En su descenso final, la fragancia se asienta sobre una base firme y sagrada. El ládano, el ante, el vetiver, la vainilla y el incienso arden lentamente con un aura de misterio, envolviendo el aire en una calidez semejante a una llama eterna. El ládano y el incienso evocan el humo de antiguos templos; el vetiver hunde sus raíces profundamente en la tierra como un pilar del mundo; el ante aporta una fuerza suave y flexible, como la luz del sol envolviendo el mundo; y la vainilla permanece con una dulzura delicada, la misericordia del sol que quema, pero que también nutre.
Kraisorn es, por tanto, un viaje: desde el primer estallido de luz solar, pasando por el fuego sagrado del sacrificio y la renovación, hasta llegar a una base arraigada de humo, tierra y calidez eterna. Es la fragancia del propio Surya, el poder inquebrantable del sol: radiante, transformador y eterno.






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